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¡Ay la Economía esa gran ciencia!, y los economistas, esos grandes científicos. Según la RAE la Economía es: «la ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales mediante el empleo de bienes escasos». Dicen que es una ciencia porque usan el método científico, observación de la realidad y elaboración de hipótesis, aunque lo triste es que sus ratones de laboratorio son los seres humanos. Y digamos que a muchos de ellos, o por lo menos a los más afamados, lo del ser humano no es más que una manchita molesta en una curva de crecimiento presentada en PowerPoint a un grupito de accionistas con sobrepeso. En algo lo clavan, los bienes son escasos y además están repartidos muy malamente. Como casi todo por otra parte, sino de que le iban a dar un periódico a infames personajes como Inda habiendo tantos buenos periodistas en paro.

Dicen que si tienes 100 euros llegar a 110 es trabajo, pero si tienes 100 millones de euros llegar a los 110 millones es inevitable. Los economistas bocachanclas, autoerigidos en oráculo de Delfos en forma de organización siniestra conocida como FMI, trabajan para que los ricos se hagan aún más ricos, y sienten el mismo respeto por el resto de la humanidad que «MasterChef» por la cocina, «Operación Triunfo» por la música, o el rey emérito por los elefantes.

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Se envuelven en cháchara seudocientífica para vendernos la moto, y en el fondo de ese discurso alambicado lo que realmente dicen es que hay que salvar el barco, su barco, y que es por nuestro bien, no por el de los 2.208 milmillonarios que hay en el mundo, que ellos son los que saben de esto, no nosotros que conocemos lo que cuesta llegar a fin de mes, y que por eso quitan pasta a educación, sanidad y servicios sociales, porque si quieren seguir engordando a sus cerdos sagrados no les queda otra que seguir exprimiendo al resto. Y una última cosa, si no tienes donde caerte muerto, no es culpa de ellos, llevan unos trajes tan bonitos, sino de los inmigrantes. No les negaremos que la estafa la tienen bien armada.

Lo explicó un tuitero en pocas palabras, imaginemos que hay sentados alrededor de una mesa, donde hay quince galletas, un megarico de una gran corporación, un currito y un inmigrante. El milmillonario coge catorce galletas y le dice al currito. «Vigila la que queda que igual te la roba el inmigrante». Así que el gran magnate se va a su mansión a ponerse gocho y ve desde su balcón como el currito y el inmigrante se dan de hostias por las sobras. Eso sí, ellos generosamente donarán banderas a todo el mundo, para darle un aire patriótico a un robo con premeditación y alevosía.

No sé, queridos lectores, igual la única revolución con éxito que hemos visto últimamente ha venido de mano del Satisfayer Pro 2.0, sin embargo como es un juguete erótico pensado para el placer femenino no tardarán los fundamentalistas religiosos en demonizarlo. Porque todavía muchos se escandalizan mas con la masturbación que cuando una diputada del partido al que no podemos llamar fascista (porque ser clasista, homófono, xenófobo, misógino, y tener una idea monolítica de patria y raza que condena a todo el diferente, debe ser otra cosa) dice que el feminismo es cáncer, o que los niños homosexuales son cosas. Tal vez, una sociedad con más orgasmos sería menos violenta y después nos podríamos sentar, ya mucho más relajados, para hablar sobre cómo repartir mejor esos bienes escasos del que hablan los economistas. Feliz jueves.