Turistas de nuestra casa

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Venga, claro que sí, nuestros vecinos mallorquines tendrán vuelos directos con Badajoz, mientras nosotros nos quedamos sin el vuelo de primera hora directo a Madrid. Ambos compartimos el mismo descuento de residente y eso que los vecinos tienen conexiones frecuentes y baratas a medio mundo y nosotros le tenemos que soltar una pasta gansa de dinero público a las compañías aéreas para que no nos dejen sin conexión directa con la capital, como ya pasó hace unos años. Pero qué más da, queridos lectores, siempre podemos hacernos un Maó-Palma, después un Palma-Badajoz y por último conducir apenas unas cuatro horitas para plantarnos en la mismísima Puerta del Sol.

Para que luego digan los locos del libre mercado salvaje y la desregularización más absoluta, que el mercado se regula solo y eso beneficia a los consumidores, veamos, cómo decirlo de una forma poética y diplomática… una mierda como un piano. ¿O acaso el libre mercado ha abaratado la luz, la vivienda, la gasolina, la telefonía, el transporte aéreo, o ha mejorado la calidad de la sanidad o la educación? Cuando sus boquitas dicen libre mercado, a mis orejas llega un: «se deben hacer leyes y reglas, claro que sí, pero para que las cumplan los demás». Nada más que añadir, señoría.

Y aquí seguimos los moradores de la isla de moda, los residentes en la isla con la mejor sobrasada del mundo (lo siento Mallorca, pero las cosas como son), la ciudadanía de Menorca, sufriendo el sinsentido de nuestro transporte aéreo. No nos basta con pagar la gasolina más cara, o con tener una cesta de la compra que te quita el hipo, porque te dejas media nómina para alimentarte, o con sufrir todos los males endémicos de la doble insularidad, nosotros somos así, nosotros queremos más. Abramos cientos de ruta con todo el planeta en los meses de veranos para que los turistas vengan a disfrutar de nuestro parque temático, pero en invierno, cuando nos quedamos las apenas 95.000 almas que vivimos aquí, pues que nos vayan dando un poquito. Nuestro peso demográfico es ridículo, y el peso por votos es insignificante, así que a tragar sin rechistar, que no está el horno para pastissets.

Pero no nos resignemos, si los turistas están de lujo cuando viene a visitarnos, la solución más sencilla, a este nuestro problema, sería convertirnos en turistas de nuestra propia casa, en turistas de nuestra propia isla. Ahora bien, exigimos para tal fin el poder adquisitivo de los visitantes que se dejan caer por aquí en los últimos tiempos. Es decir, si nosotros con nuestros curro y nuestros impuestos ayudamos a sostener y mantener todo esto, qué menos que nos paguen como toca, a todos y a todas, para que podamos disfrutar igualito que el que viene unos días a conocernos.

Haremos el esfuerzo y comeremos una vez  a la semana, mínimo, caldereta de langosta. Nos esforzaremos aún más y saldremos a navegar en los yates día sí y día también. Pondremos todo nuestra entrega en cenar cada día en una terraza diferente, dejaremos de desayunar para hacer todos un rico brunch en un hotel único y encantador. Alquilaremos coches de alta gama y mandaremos los nuestros al carajo. Iremos todos con la barbilla alta, y si hace falta con un jersey con el jugador de polo al cuello, para exigir que nos traten como nos merecemos, porque nosotros lo valemos como cualquier otro, y ojito con el que no nos trate bien, porque le haremos una crítica en Instagram que se cagará las patas abajo. Bueno, ¿cuando empezamos? Feliz jueves.

conderechoareplicamenorca@gmail.com