Si dejamos al margen a todos aquellos que se apropian de las víctimas de un bando y que desprecian a las del otro, que no son pocos, creo que del nuevo debate sobre la memoria de la guerra civil y el franquismo se puede sacar algo positivo.

El Consell ha encargado dos censos, uno a Josep Portella sobre las víctimas del franquismo y otro a Marc Palliser sobre las víctimas del frente popular. A diferencia del Govern, que solo aplica la óptica mallorquina a la realidad balear, una vez más, aquí la presidenta Susana Mora supo aceptar una propuesta del PP para reconocer que la historia negra desde 1936 narra dos represiones y no solo una.

Por eso, es verdad que el brigada Pedro Marqués es al mismo tiempo asesino y víctima. Este personaje, además de asesinar al sacerdote Joan Huguet, autorizó las matanzas del 2 y 3 de agosto, haciendo ejecutar en Es Freus a los mandos militares, entre ellos al capitán fiel a la República Claudio Gil Alós, el único que estuvo a punto de arrebatarle la comandancia militar. Marqués permitió después las masacres de La Mola. Fue detenido en septiembre de 1936 y puesto en libertad. Y fusilado al finalizar la guerra, tras un jucio militar que al ser franquista se puede considerar inválido.

Sin embargo, después de más de ochenta años, la mitad en democracia, es la hora de los historiadores, que ya no deberían ser de parte, ni de los vencedores, ni de los vencidos. Los sucesos de entonces han de mirarse con las ópticas de ahora. Y buscar la verdad histórica, la que ha de permitir diferenciar a los asesinos de las víctimas, separar aquellos que hoy sí merecen una condena de los que han de obtener un reconocimiento.

Ojalá, el paso dado de unir en un censo único las víctimas del frente popular y del fransquismo, permita reconocer la historia propia de la Isla y pasar página. Aunque la fórmula para hacerlo con eficacia sería realizar un gesto público: un monumento en La Mola en recuerdo de todos los que perdieron la vida, para que las víctimas lo sean de todos y no solo de una parte.