Nunca podrá decir usted que no le puse sobre aviso en alguno de mis artículos sobre la trocha política por la que usted, señor Casado, se había empecinado en ejercer el noble y delicado oficio de la política. Manejaba usted la oratoria en sus intervenciones como el carretero que ha metido el carro y la mula en una acequia. El lenguaje político no puede ir siempre trufado de la descalificación reiterada a cualquier precio. Era ponerle un micrófono delante, entre chotos de una explotación agropecuaria o desde la tribuna de oradores, y empezaba usted a comportarse como un elefante en una cacharrería.

Pedro Sánchez a su pesar, era y sigue siendo el presidente de su gobierno y el mío, y como poco, merece la cortesía de un lenguaje más respetuoso. De acuerdo que a usted no le gustase, está en su derecho, pero eso, bajo ningún concepto, le otorgaba patente de corso para sus reiteradas faltas de respeto. Al Congreso se debe ir con las ideas más claras y el verbo más limpio, a debatir, a confrontar ideas políticas, pero escuchándole a usted señor Casado, creo estar legitimado para decirle que iba usted a soltar su mala baba, su impotencia, su falta de recursos, en un léxico a todas luces tóxico. Ya se lo dije más de una vez, igual que le advertí de lo fina que era la línea que separaba todo el poder que el PP le había otorgado a quedarse como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando. Espero que ahora, en la tranquilidad de sus recuerdos más recientes, se dé cuenta de que ha pasado de tener todo el poder del partido a no tener crédito ni para comprarse una bolsa de pipas.

Docenas de asesores, docenas de personal de confianza, de los que en su oficio prima pasarle la mano por el lomo, y dígame, todo eso ahora ¿para qué? El mejor consejero es su propia conciencia, su cultura oral, su bagaje político, y en ese oficio, ha demostrado usted vivir bajo mínimos. Se va sin haber dejado huella de buen político, se va sin haber aprendido nada, y mire que lo siento, España necesita un PP centrado, que aporte políticas de Estado, y no unas cacofonías rancias cuando no absurdas. Espero que la maltratada gaviota sea como el ave Fénix y renazca de sus cenizas en que su paso por la dirección del partido la ha convertido.

Hace usted bien en retirarse de la política, porque la política siempre vivió muy apartada de usted. Me imagino a Cayetana Álvarez de Toledo en trance de descoyuntarse las mandíbulas, abrazada a la carcajada de su vida.

El PP debería entre congreso y toque de arrebato, ante un cónclave inesperado, no volver a decir esa tontuna de que se conjuran «para olvidar el pasado», el presente les hace hijos legítimos de su pasado y en eso no hay goma de borrar que lo pueda borrar. Alfonso Guerra tenía razón cuando dijo: ¿pero de qué derechas vienen ustedes que llevan 30 años viajando hacia el centro y todavía no han llegado? Todo sea que en España, la izquierda no está a la izquierda, la derecha no está a la derecha y el centro no está en medio.

Señor Pablo Casado, le debo un punto de  admiración, para la ocasión ha tenido usted «los compañeros» bien puestos, no todo el mundo asiste a su propio funeral, todo y que hace tiempo, que era usted un cadáver político, aunque ni usted ni su ejército de asesores y de políticos de medio pelaje lo sabían. Dese cuenta de que se ha enfrentado usted en la porfía a otro político que no está para tirar cohetes.  Pedro Sánchez no es un líder político a quien dé miedo medirse, y además en puridad, para nada ha sido la causa de su orfandad como cetrero si es que a una gaviota se le puede encuadrar en el mundo de la cetrería. Se ha bastado y sobrado usted solito para que el pájaro excretase sobre su carnet de ordeno y mando. Debería escribir su libro sobre su paso por la política, y después, los domingos por la tarde, ordenar su enrevesada semántica.