En mi añorado mar de Menorca, en una playa cualquiera de Ciutadella, cuando los caballos de Sant Joan bailan entre sus arenas y su agua, un eco de fabiol y tambor llaman a los que este año rememorarán la más antigua y bella tradición festiva de Ciutadella, para un año más, asombrar nuestras pupilas los caballos menorquines, dejando tras de sí recuerdos que nunca se olvidan.

No se me figura fácil conseguir tras los años transcurridos, que los protocolos de Sant Joan sigan siendo como son, admirados y respetados por payeses y menestrales, adalides de su estricto cumplimiento.

Ciertamente, que algunos de los cavallers y caixers, llevan los protocolos de Sant Joan aprendidos de edades muy tempranas. Hay cavallers y caixers a los que les han salido los dientes en la cabalgata santjoanera.

Sant Joan está muy sujeto desde que empiezan las fiestas hasta que acaban, a un importante capítulo de formalidades, que ignoran las miles de personas que llegan a Ciutadella para presenciar esta noble manera de honrar festivamente unos actos que se difuminan incluso en el transcurrir de la memoria escrita.    Sus orígenes son difusos. Hay estudiosos (a los que no voy a contradecir) que los buscan entre quienes fueron siendo caballeros a Jerusalén o a Malta. Dicen que vinieron igual que se habían ido. La copa o cáliz que utilizó Cristo en la última cena, el Santo Grial, sigue custodiado en una penumbra impenetrable. Nuevos caballeros seguirán buscándolo. Puede que estos sean los orígenes, el inicio que nos dejó la tradición santjoanera. Caballeros fueron y caballeros volvieron para que hoy payeses y menestrales honren la tradición rigiéndose en los protocolos para seguir celebrando lo más ortodoxa posible esta fiesta, llena de detalles y matices, para ser captados y recordados toda la vida.

Una familia que llega a celebrar para ellos una festividad nonata a Ciutadella desde allende los mares, presenciarán unos antiguos actos    que descansan en justas medievales. Seguramente se irán asombrados por lo que han visto, pero se irán sin saber nada de lo mucho que esta fiesta custodia celosamente en sus protocolos. Por ejemplo, los caixers pagesos, son dos, que conllevan la condición obligada de ser pagesos, además tienen que ser l’amos y no missatges (mi abuelo l’amo en Bep de Sant Antoni Marti que Dios guarde, tuvo ese honor, un honor que hoy llena de orgullo a este nieto).

Para que todo discurra de buena manera, debo añadir, que conviene que un caixer será del migjorn y el otro de tramuntana. Al mayor de los dos le corresponderá poner primero el cordero, que será paseado a hombros por toda Ciutadella por s’homo d’es be. No quiero dejar sin reseñar una extraña a la vez que curiosa circunstancia cuando mi abuelo l’amo en Bep de Sant Antoni Marti, fue caixer no se llevó corbatín sino corbata.    Otro detalle que ignorará el público que acude de muy lejos a ver esta fiesta, es cuando vuelven los cavallers que han corrido l’ensortilla, es la forma de llevar el asta, los que han conseguido acertar (cosa nada fácil por cierto) han    de regresar con la punta del asta hacia abajo. Los que no, llevarán el asta con la mano derecha, descansando encima del brazo izquierdo.