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La locura de las elecciones sigue. Ya hemos pasado más de un mes desde que se celebraron y por fin parece que ya tenemos todos los resultados. De los mas recientes el más importante es la reelección del reverendo Warnock, demócrata, como senador por Georgia.

Esta elección era muy significativa por varias razones. La primera es que Georgia había sido normalmente republicana y ahora ha saltado a demócrata y con un candidato afroamericano. En segundo lugar es que su oponente, cuyo único mérito era el haber sido jugador de fútbol, fue propuesto y fuertemente apoyado por Trump. Eso fue otra derrota importante al trumpismo en un territorio que le había sido muy favorable.

Pero aun había otra cuestión muy importante para los demócratas Si Warnock hubiese perdido aun los demócratas tenían mayoría por un voto, como en los dos años pasados. Pero esta mayoría no les funcionaba. Dos senadores demócratas, cada uno por su cuenta, forzaban modificaciones a las leyes presentadas por los demócratas bajo la amenaza de votar con los republicanos.

Estos senadores eran Joe Manchin, de West Virginia y Kyrsten Sinema de Arizona. Manchin apoyado por el lobby de los combustibles fósiles ha frenado muchas mejoras ecológicas que quería introducir Biden y ha causado una reducción de los gastos sociales propuestos por el presidente. Sinema por su parte consiguió algunas reducciones de impuestos que se habían propuesto. Al ganar Warnock estos senadores pierden fuerza para controlar al partido demócrata en el Senado.

Casi a la vez que fue elegido Warnock supimos el final de recuento del representante al Congreso por Colorado y allí sí ganó una fuerte trumpista, Lauren Boebert, una mujer que podría ser la versión americana de una combinación de Ayuso y Olona. Para darse cuenta de cómo es ella, en una de sus primeras reacciones fue celebrar el tiroteo y muertes que había habido unos días antes en Suecia. Su reacción fue decir que no importan las restricciones sobre armas que hay en un país porque no suprimen las matanzas. Claro que no comparó el hecho de que aquí las matanzas ocurren a diario y en Suecia fue un hecho puntual. Como se puede ver, los fabricantes de armas están encantados con esa mujer y son uno de los apoyos económicos más importantes que tiene para su proceso electoral.

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A pesar de haber ganado Boebert, la victoria de Warnock era mucho más importante para el partido Demócrata, así el 7 de diciembre, después de saberse el resultado, todos los demócratas estaban celebrándolo. Pero a los dos días estalló la bomba. Kyrsten Sinema que un mes antes había sido reelegida como senadora por Arizona por el Partido Demócrata declara que se sale del mismo y se hace independiente. Esto volvía a cambiarlo todo.

La decisión de Sinema muestra su falta total de sentido de responsabilidad. Primero con los ciudadanos a los que un mes antes les dice que es demócrata y cómo tal la votaron. En segundo lugar con el partido que le facilitó dineros y apoyo para ganar la elección. ¿Cómo se puede uno fiar de una persona así?

Además este año el apoyo económico era más necesario ya que los gastos electorales han superado los de muchos años. Con un coste de 16,7 mil millones de dólares se ha superado todos los costes de las elecciones de medio término. Es una cantidad escandalosa. ¿ A cuántas familias en necesidad se podría haber ayudado con ese dinero? ¿Cuántas compañías que organizan o anuncian los candidatos se han llenado los bolsillos?

El dinero domina los procesos electorales y estos funcionan sin parar. Al día siguiente de haber votado, el 6 de noviembre, ya recibía correos pidiendo dinero para las elecciones de 2024. Ni un día de respiro, campañas electorales continuas y el dinero dominando. En esta situación es muy difícil para los ciudadanos competir con las grandes compañías y los supermillonarios Pero la locura sigue.

Después de todo eso, uno se pregunta: ¿Es eso una democracia?