TW

El hecho de que el bien y el mal suelan ser relativos comporta que la existencia sea más compleja. Supongo que es humano que para evitar dicho engorro tanta gente prefiera no complicarse la vida y simplifique: en cualquier ámbito y circunstancia los buenos son los de mi equipo.

Personalmente tengo la desgracia de dudar. Sobre todo pongo en duda lo que me cuentan quienes pueden sacar provecho de mi estado de opinión, sea para que adquiera un producto, sea para que agite un banderín, sea para que haga bulto militante.

Mencionaré dos asuntos de muy dispar gravedad: Israel/Palestina y la PSOE clásica/la PSánchez SL.

¿Quiénes son los buenos y los malos en oriente próximo? Desde mi punto de vista son inocentes los civiles asesinados por Hamás y por el gobierno israelí. Los que matan a esos civiles (y los que ordenan los ataques desde despachos bastante confortables) son culpables.

Uno tendería a considerar tan imposible (por vil e inhumano) que Netanyahu conociera que se iba a producir el ataque y no lo impidiera por cálculo de beneficio a su propia causa (una justificación para arrasar Gaza y diluir a un tiempo sus problemas de orden político y judicial) como que Hamás hubiera previsto (y dado por bueno) que una venganza brutal por parte de Israel abortaría a base de niños muertos cualquier negociación de Israel con otros árabes. Uno tendería a pensar que la guerra de Ucrania no sería humanamente explicable por intereses puramente económicos. Parecería una iniquidad que EEUU conociera el plan de ataque a Pearl Harbour y no impidiera la muerte de los soldados que allí acabaron sus días por cálculo estratégico (el pueblo americano aceptaría así entrar en guerra). La historia está plagada de cosas increíbles. Es quizás por eso que me cuesta tanto creer.

Noticias relacionadas

¿Hay bueno en el culebrón con chicuelinas de la amnistía investidora o solo actúan el feo y el malo?

Confieso que en este asunto me afecta más el fuero que el huevo. Quiero decir que me parece perfecto que exista el derecho a separarse (el divorcio está afortunadamente permitido: de mutuo acuerdo o en su defecto bajo el dictamen de un juez, tú te quedas la custodia y la casa, yo el canario, la moto y el apartamento de Fornells). En este sentido lo de Cataluña, si por mi fuera se podría resolver como los divorcios, con la complicación en este caso de que hay mucha gente implicada y no se debe dejar tirado a nadie (incluidos los que quieren seguir como estaban). Pero opino que en definitiva el asunto es debatible, como casi todo.

Es menos debatible quizás que se pueda disfrazar de nada parecido a la nobleza el espectáculo de una manada de políticos de cierto nivel (barones, ministros, diputados, pesebristas en general de buen paladar) aplaudiendo a rabiar al señorito (el malo) cuando explica que amnistiará en nombre de España al feo (no es más guapo que yo, diría) con la misma intensidad y entusiasmo que aplaudían hace pocas semanas a ese mismo personaje cuando decía que nanay, que era inconstitucional y que ni de coña.

Me pregunto qué se siente cuando uno se ve obligado a aplaudir en manada una cosa y su contraria en tan breve espacio de tiempo. Mucha de la gente que trato a diario sentiría una profunda vergüenza.

Si el malo hubiera expresado antes de las elecciones la conveniencia para España de que el feo fuera amnistiado yo no pondría objeción (sin compartirlo) a su discurso actual (para ser sincero hubiera preferido que en todo caso amnistiara a Junqueras por ejemplo; Puigdemont no me cae del todo bien, no me pareció muy honroso lo de darse el piro y dejar que el marrón se lo comieran otros). Pero el jefe de la banda, en campaña electoral dijo que no sucedería lo que ahora dice que sucederá, y eso es de malos. Baja el arma Dalton, que no te voy a disparar. Pum! Lo siento Dalton, cambié de opinión.

El papel de bueno queda vacante. Aspiran a él algunos miembros de la antigua PSOE, pero se ve que no ponen suficiente entusiasmo, de manera que al final la película se titulará «el feo y el malo». Menos papeles protagonistas, pero lo que no faltan son extras, como en toda superproducción.