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Para los que ostentan el poder, somos carne de cañón. En el País Vasco y Cataluña, los nacionalistas tienen las de ganar. Por eso, muchos se suben al carro del nacionalismo excluyente, como el PSOE PSánchez. Igual que el nacionalismo español, como contrapeso a la disgregación separatista. ¿Por qué tiene tanta fuerza? ¿Por qué los análisis racionales no sirven para entender el fenómeno? Veamos qué hace el nacionalismo y no hacen los constitucionalistas.

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Desde un gobierno autonómico (y ahora desde el Gobierno central) se dedican a generar sentimientos de adhesión, filias y fobias, orientando el odio y el miedo hacia un enemigo común (llamémosle fachosfera, derecha y ultraderecha, españoles, inmigración, etc.), convirtiendo al adversario democrático en enemigo peligroso. Fomentando, desde las múltiples instituciones que controlan, una dependencia emocional y económica. Clientelismo descarado y victimismo permanente para obtener ventajas o prebendas. La mente queda inutilizada para cualquier clase de crítica. Violencia explícita y difusa. Pasa hoy en España, aunque encontraremos ejemplos a porrillo.

Tanto da que una dictadura sea de derechas o de izquierdas, progresista o conservadora. El caso es que los dictadores hacen lo que quieren y las leyes ya no nos defienden. Muchos han preferido votar sin ver ni oír ni escuchar, con tal de ser progres. Llega un momento en que no hay vuelta atrás. Si te opones, eres de los malos.