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El buen anuncio es el que mejora la imagen del producto que pretende vender. Ya son las 8 se ha caído de la parrilla de Telecinco este viernes, pero seguiremos recordando a Sonsoles Ónega bailando por Celia Cruz. Ríe. Llora... Lo que parecía una telepromoción cutre, en realidad, rompía con lo pronosticable de una periodista seria. Y su particular compás festivo se quedaba marcado en la memoria colectiva. Para siempre.

Pero, después, el programa no ha contado con el mismo ritmo. Ni siquiera el mismo desenfado. Parecía un resumen de 'El Programa de Ana Rosa'. Picadillo de lo ya visto, una y otra vez. En AR, en Ya es mediodía y en Cuatro al día. Son como sucursales de un único programa que ni buscan distinguirse en tertulianos. Quizá porque se dice que, en televisión, lo que funciona mejor no tocarlo. Aunque, ojo, tampoco machacarlo.

La franja de Ya son las 8 es muy complicada. La más complicada. El programa se ha enfrentado al rompe-audiencias Pasapalabra. El rival más difícil de la programación actual. Para minimizar su éxito o intentas conquistar un público completamente diferente, por ejemplo con un perfil más joven, o destacas el frenesí y versatilidad del directo que nunca tendrá un concurso grabado por mucha pasión que atesore su 'rosco'. Telecinco ha optado por esta segunda opción, la del vivo y el directo. El problema: los contenidos eran fáciles de pronosticar al ser un sucedáneo de otros espacios de la misma cadena. A las ocho, siete en Canarias, ya se ha contado todo. Y varias veces.

Lo mejor que ha funcionado a Ya son las 8 ha sido las réplicas sobre su propia vida de colaboradores estelares como Gloria Camila. Sonsoles Ónega ha demostrado su capacidad de adaptación a la locura de estados de ánimo que fomenta Mediaset. Sin embargo, el espacio no ha logrado una mirada actual. Es un programa de sucesos y corazón con un prisma antiguo. Muy artificio de los años 2000. Pero estamos en la sinceridad del 2022. Había que terminar bailando la canción de la famosa promo, en la que descubrimos que iba a existir este programa. Y así el equipo de Ya son las 8 han dicho adiós, con Sonsoles pletórica moviendo los brazos como en el spot. Ríe. Llora... Eso es la tele, reírse de sí mismos hasta convertir en virtud la falta de medios para hacer un spot.