Incrementar el espacio de todas las bibliotecas de la Isla es el principal de los retos. | Katerina Pu

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Los tiempos cambian y las bibliotecas se encuentran inmersas en un proceso de transformación progresivo. Ante ese panorama, el Consell insular encargó a la consultora Nexe Cultural la elaboración del Plan de implementación del nuevo modelo de biblioteca pública. Un documento que el pasado julio se aprobó por parte del Consell Executiu y que está llamado a ser la hoja de ruta para la modernización, tal y como se recoge en la memoria de la Xarxa de Biblioteques de 2021.

Los principales objetivos del plan son hacer de las bibliotecas una red de espacios adecuados a las exigencias contemporáneas con respecto a los espacios, los recursos, los servicios y las acciones; mejorar la percepción ciudadana de esos centros y situarlos en el marco de la Agenda 2030 como equipamientos sensibles al desarrollo sostenible.

La transformación de los espacios físicos es uno de los puntos en que más énfasis pone la planificación estratégica. Recuerdan que todos los municipios cuentan con biblioteca pero también que «los edificios son limitados y, en algunos casos, obsoletos». Es más, ninguno de ellos guarda proporción con el número de habitantes del municipio ni cumple los requisitos y capacidad establecidos en el Mapa de Lectura. Documento este que apunta que las infraestructuras bibliotecarias necesitan un incremento del 108 por ciento; es decir, pasar de los 3.020 metros cuadrados actuales a los 6.285 que le corresponderían a la Isla por población.

Estamos hablando de un objetivo que es complicado conseguir a corto plazo, reconocen desde la Administración, por lo que proponen la adaptación y remodelación de los espacios existentes. No obstante, se cree necesario que al menos dos bibliotecas, las de Alaior y Sant Lluís, cambien de edificio durante esta década.

Las actividades son otro de los objetivos: revisar las que actualmente se desarrollan y proponer algunas nuevas así como laboratorios ciudadanos participativos. «Son un buen termómetro para medir el dinamismo», se reconoce en el análisis. La mayor parte de las que se realizan «son convencionales», como la hora del cuento, conferencias, clubes de lectura o presentaciones de libros, etc. «Está claro que si la actividad funciona bien, debe continuar, pero se debe evitar la estrategia de la acomodación. Hay que aprovechar la nueva coyuntura post pandémica para transformar la biblioteca en un espacio alternativo donde se trabaje para ofrecer presencialidad y donde sumar valores sociales a los culturales», defienden.

El tercer punto invita a un replanteamiento de las colecciones, tanto físico como virtual, adaptándose a las nuevas circunstancias y a los hábitos de lectura, tanto en lo que se refiere a la temática como al medio que se utiliza para acceder. Este ámbito es el que menos profundiza el análisis, aunque sí que hace una buena batería de propuestas, entre ellas la de crear un único carnet para todos los usuarios de la Xarxa de Biblioteques.

El cuarto y último eje aborda el tema del personal. Demanda que cada año se recoge en las memorias que redacta la Xarxa, ya que no se cumplen con los estándares que marca el Mapa de Lectura, que habla de la necesidad de un incremento del 40 por ciento. La Xarxa cuenta actualmente con 30 trabajadores (25,36 jornadas) y calcula que hacen falta 39 a jornada completa. También creen necesario contar con nuevos perfiles profesionales para dar cobertura a los servicios más modernos.