Los edificios están muy castigados, con algunas dependencias destrozadas | Gemma Andreu

Dos sillones de distinto diseño en una de las dependencias indican que han sido visitadas recientemente. Los colores, todavía vivos, de algunas de las pintadas más elaboradas que adornan las paredes que todavía se sostienen confirman la teoría. Las baterías militares de Favàritx, para cuya compra tiene ya un acuerdo el Consell con el Ministerio de Defensa, han sido objeto de un severo bombardeo. Pero sin bombas. Los proyectiles han sido el paso del tiempo y las correrías de los vándalos que, ajenos a las advertencias cartel mediante, han accedido al inmueble para, entre otras cosas, dejar su sello en forma de grafiti, con una gran diversidad en cuanto a la pericia artística de cada autor.

Los destrozos son severos. Propios de las auténticas bombas. Hay restos de paredes por el suelo y vigas desprendidas entre la maleza descuidada. La carpintería exterior no existe. Desapareció, a buen seguro por obra y gracia de alguien que ha optado por darle un segundo uso a precio competitivo. Tubos, cubos, bloques, ladrillos, piedras, forman parte de un paisaje desolador, peligroso incluso si se atienden las indicaciones que en la entrada mantiene el Ministerio de Defensa.

Las baterías militares, abandonadas desde que dejaron de desarrollar su función bélica original, pasarán a manos del Consell en cuanto se formalice una adquisición que supera los 800.000 euros. Por fortuna y buen negocio para la institución insular, la operación no incluye solo las baterías. El bloque principal de la compra son 49 hectáreas de terreno en pleno parque natural de S’Albufera des Grau, de un grandísimo valor ambiental y en el que se habilitará, eso dicen, un aparcamiento definitivo.

Pese a ello, adecentar las baterías y su entorno más cercano no serán un trabajo menor para el nuevo propietario.