Cuando el informador da el alto, se enfrentan a intentos de algunos conductores por pasar de todos modos | Josep Bagur Gomila

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Insultos e intentos de agresión son el pan de cada día para los informadores de las playas vírgenes de Ciutadella. A pesar de que los carteles luminosos indican claramente cuando los accesos a Cala en Turqueta, Son Saura o La Vall están cerrados, son muchos los conductores que se adentran igualmente en los caminos para así probar fortuna. Luego, cuando reciben el alto por parte de los controladores, se producen escenas poco agradables, con descalificativos e incluso más allá.

Estas situaciones no son nuevas de este verano. Estas denuncias del personal encargado de controlar los accesos se repiten año tras año, sin que, por el momento, se haya encontrado la fórmula para ofrecerles mayor seguridad.

En la bifurcación de Son Vivó, dos informadores (uno, de 8 a 18 horas, y el otro de refuerzo, solo
de 10 a 13 h) se encargan de impedir el paso cuando el aparcamiento de Son Saura está lleno, dirigiendo el tráfico hacia Sant Joan de Missa, para que, allí, den media vuelta si tampoco pueden acceder a Cala en Turqueta.

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En Son Vivó, José Antonio de Pablos, que lleva desde 2018 realizando esta labor, lamenta «los insultos, intentos de agresión y de atropello» a los que se enfrentan casi a diario, lo que les transmite «sensación de inseguridad». Según cuenta, «cuando dices que no se puede pasar, te increpan y te dicen que tú no tienes autoridad para impedir el paso, y más de uno hace amago de arrancar el coche estando tú delante», denuncia.
«Aquí no tenemos el apoyo de un guardia de seguridad, como sí lo hay en la rotonda de Sant Joan de Missa», compara De Pablos, quien ve que, en realidad, «la gente está muy poco informada, quizá en los hoteles y apartamentos deberían informar» sobre cómo acceder a las playas de Ciutadella.

En la rotonda

En Sant Joan de Missa, el dispositivo es más amplio, con tres controladores y un miembro de seguridad. Este último, José Antonio Jiménez, corrobora el testimonio del controlador, afirmando que «muchas veces no te atropellan porque te apartas». Y eso «pasa casi todos los días», con gente que «no planifica y no madruga», sabiendo que a las 7.30 horas los aparcamientos de las playas están ya llenos.

El coordinador del servicio, Gerardo Silva, prefiere suavizar los términos de la queja. Relativiza los casos en qué se producen incidentes, señalando que «damos la vuelta a unos 700 coches cada día y es normal que haya alguna discusión, porque la gente no entiende que estén los parkings cerrados». Aún así, es consciente de que «en Son Vivó hace falta un guardia de seguridad», para dar apoyo a los informadores, y también piden algún tipo de barrera física, para así no tener que ser ellos los que se antepongan a los coches.

En cualquier caso, al igual que sus compañeros, Silva afirma también que solicitar ayuda a la Policía Local o a la Guardia Civil es prácticamente inútil, porque «te dicen que no pueden, o llegan dos horas y media más tarde». Un ejemplo que choca con la realidad de otro parking. En Cala Mitjana, la Policía Local de Ferreries acude cada mañana y durante unas dos horas, para controlar el tráfico y evitar así problemas.