TW

El discurso de investidura el nuevo presidente de la Generalitat, Quim Torra, han evidenciado que el independentismo catalán mantiene su apuesta rupturista y de desafío. El primer gesto de Torra, una visita de pleitesía a Carles Puigdemont, en Berlín, transmite una realidad decepcionante y no favorece la solución al conflicto catalán. Su forzada petición de «perdón» tras haber difundido comentarios racistas y contra España abren dudas para ejercer el cargo.

Todo indica que el nuevo Govern de la Generalitat y los grupos que le apoyan en el parlamento catalán seguirán la misma ruta independentista, que el Estado no cederá en lo que interpreta como un atentado contra la legitimidad constitucional y que PP, PSOE y C's mantendrán la misma estrategia para sofocar cualquier conato de idesobediencia a través del artículo 155 o la vía judicial. No cabe en este escenario la vía política.

En esta nueva fase del conflicto sólo cabe pedir que la sensatez haga volver al independentismo al punto de partida de su aventura. Su desafío ha traído frustración, enfrentamiento y división. Es necesario empezar de nuevo para emprender el camino correcto, con seny y más sentido común.