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Nos ha invadido la fiebre inauguradora. Suele subir cuando se acerca una campaña electoral. Ya saben el dicho: "El que esté libre de corrupción, que ponga la primera piedra".

Jornadas de túneles abiertos, edificios ruinosos convertidos en valla publicitaria, invitaciones para descubrir placas, cortar cintas o tapear un rato. Sin predicar austeridad con el ejemplo. Hace tiempo que los políticos se han dejado avasallar por el marketing. Ese vender el producto que confunde a un partido con una enciclopedia.

Veremos cual será en mayo, la agencia de publicidad mas votada. Es importante la foto, el eslogan y la presencia en los medios de comunicación (sobre todo, la tele). En la lógica del consumismo, hay que vender el producto. Y lo que cuenta es la marca. Los hay incondicionales de unas determinadas siglas, pero sobre todo, están los indecisos. Los que dudan, piensan, reflexionan…y no se aclaran.

La democracia en el siglo XXI tiene que estar adaptada a los tiempos que corren. Las redes sociales pueden contribuir a las revoluciones, pero también deberían jugar un papel mucho más constructivo. Los SMS, los blogs, los que se presentan por el "Facebook", los que se "tuitean" porque se tienen confianza…información hiperactiva.

Hace ya un tiempo de la rebelión de las masas. Desde que triunfaron por completo, lo que manda es la audiencia, o sea, los números por encima de las letras. Lo sabe muy bien el caricaturista Santiago Segura, con sus películas de ingresos torrenciales.

La concentración del poder en pocas manos hace que con una reunión de las mayores fortunas empresariales en la Moncloa, sepamos qué rumbo vamos a seguir.

Porque el dinero es un antiguo y poderoso caballero. Las reglas del juego, ya nos vienen impuestas por decisiones globales, a las que nos tendremos que adaptar si no queremos que tenga que venir algún forastero a rescatarnos.

Si en poniente tienen dique, en oriente tendremos ascensor. La cuestión es llegar a buen puerto y, de paso, poder visitar el Lazareto; monumento impresionante en memoria de aquellos antepasados nuestros que lucharon contra terribles epidemias. Hemos recorrido un largo camino histórico, superando los mayores infortunios. Y seguiremos luchando, al igual que el pueblo japonés, como recordaba su cónsul en el acto solidario que tuvo lugar en el claustro del Carmen, el sábado pasado. Levantarse tras la devastación absoluta para reconstruirlo todo y empezar de nuevo. Sentirse ciudadano de un mundo imprevisible, diverso, donde tenemos algunas pocas cosas en común. Tal vez las más importantes.

Crecerán los nuevos colegios prometidos, incluso un "Parc Bit" en "Alaior Valley". Todo parece ir a mejor. ¡Pasen!, ¡voten y vean!...es el maravilloso mundo de las elecciones. Si creemos en lo que prometen, ya casi podemos vislumbrar la luz al final del túnel.