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El conseller de Agricultura del Govern, Gabriel Company, acudió el miércoles por la noche a la tradicional cena de Sant Isidre con la clara intención de animar la velada a los payeses reunidos en un hotel de Ciutadella. Ante la complicada situación que atraviesa el sector, cualquier atisbo de buena noticia es un regalo. Company incidió en el asunto del precio de la leche, uno de los orígenes de las penurias de los ganaderos de la Isla, sometidos a la dictadura comercial que imponen los grandes compradores. El conseller apela a la buena voluntad de estas empresas de facturación multimillonaria, al mismo tiempo que se pronuncia a favor de un cambio del sistema de fijación de las tarifas. Y además dice que se está en el buen camino. Magnífico. No es sencilla la misión. En los tiempos que corren, nadie regala nada. Por este motivo gana peso otro de los argumentos que expuso Company: la necesidad de unir esfuerzos. Solo desde la unidad, el trabajo colectivo y la defensa de intereses comunes se puede conseguir que los precios, además de competitivos, sean justos y no aboquen a la ruina a uno de los patrimonios más preciados de la Isla. El campo menorquín merece vivir y valerse por sí mismo.