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No sé a cómo está el kilo de asesor ni en qué categoría se mueve la oferta y la demanda. Desde mis ignorancias supongo que debe de haber varias categorías. Por ejemplo, puedo decir que un asesor que se me figura valiosísimo sería Mariano Rajoy, 30 años dedicados a la política le contemplan, siempre en puestos relevantes, los últimos como presidente del Gobierno, rodeado de una política convulsa, con maneras no usuales, a veces bisoñas o por el contrario, chocando con quiénes tienen larga experiencia y el aguijón bien afilado a la hora de convenir en lo que se puede o no se puede hacer.

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Como se deduce por su nombre, la industria del asesor mayormente consiste en asesorar, hasta ahí llego, pero me pregunto: ¿hay un mercado de asesores? ¿Un asesor pasa un examen? No lo digo por otra cosa que no sea preguntarme si el asesor en cuestión sabe de qué va la película o asesora en temas de lo que está más perdido que un pulpo en un garaje. ¿Está regulado el salario del asesor? O eso va mayormente como Dios le da a entender al político de turno ¿Por qué nunca se comenta cuántos asesores hay y que le cuestan al ciudadano? Conviene no olvidar que el asesor puede tener mucha influencia en el quehacer de un gobierno para bien o para mal, y sin embargo, no pasa por las urnas. Ya les digo que es tan antidemocrático que es elegido a dedo, y en el batiburrillo de los eufemismos se le suele nombrar como colaborador o personal de confianza.