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A veces el sufrimiento se ve, pero muchas veces resulta invisible para el que no lo padece. O porque es interior e intransferible, o porque lo ocultamos y negamos por diferentes motivos. Muchos están fastidiados en nuestra sociedad pero ponen cara de selfi. Ocultamos lo que no queda bien socialmente, a costa de agravar la soledad y la rabia que nos corroe. Permanecer ajenos e insensibles ante el dolor del prójimo nos hace inhumanos. Una insolidaridad que, tarde o temprano, puede resultar devastadora. El bienestar se construye entre toda la comunidad. Incluyendo, cooperando, ayudando... Los marginados, excluidos o rechazados acaban por volverse en contra del sistema y son presa fácil de recolectores de odio que siempre tienen algún chivo expiatorio dispuesto para el sacrificio.

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La riqueza y el despilfarro coexisten en nuestro mundo bipolar con la penuria y la miseria. Esta desigualdad extrema provoca falta de cohesión, resentimiento, violencia... Ni libertad a costa de la igualdad, ni igualdad a costa de la libertad son deseables. Necesitamos un proyecto equilibrado donde nadie ignore el sufrimiento de la gente; donde no cerremos puertas y ventanas o levantemos muros y fronteras para que otros no pasen. Busquemos vías positivas de relacionarnos. Una de las formas primitivas de intercambio y riqueza mutua es el comercio. El proteccionismo comercial es síntoma de otros más graves y profundos que nos llevarán al desastre.