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Estos días me he acordado del TBO. Fue un semanario de historietas español que empezó en 1917 y se publicó hasta 1998. Hoy en día el término tebeo se refiere a una revista que contiene historietas. Se dirigía al público infantil y juvenil. Entre sus dibujantes encontramos a Marino Benejam, natural de Ciutadella, creador entre otras series de La familia Ulises. Otros dibujantes del TBO fueron Josep Coll, Ricard Opisso, Antonio Ayné, Joaquim Muntañola, etc. Yo solía leer el TBO durante su tercera etapa, que abarca entre los años 1952 y 1972. En 1951 la revista, publicada por Editorial Bruguera, había conseguido el permiso de publicación periódica y su situación se regularizó frente a las exigencias de la censura de la época y las escaseces de papel de la primera postguerra. En 1973 su tirada era de 153.000 ejemplares, cuando en 1917 eran 9.000. Por esta época, ante las fiestas navideñas, solían publicar un extra de Navidad y hasta un almanaque con muchísimas páginas que yo leía en la cocina de la Fonda Faner, el negocio familiar, mientras mi padre cocinaba frente a una enorme cocina de hierro cuyo fuego activado por carbón de coque nos mantenía calientes frente al frío de aquellos años en que ni las escuelas ni las casas particulares tenían calefacción. Recuerdo ahora mismo una historieta titulada «Mejores no hay» que no sé a qué dibujante era debida. Iba un señor en un cochecito utilitario leyendo rótulos de propaganda que rezaban «Mejores no hay» hasta que acababa mareado, con aquella especie de muelle que les dibujaban por encima de la cabeza a los mareados. Era, evidentemente, una crítica de la publicidad excesiva, que en los años 50 debía de estar en sus albores y que a nosotros nos llegaba sobre todo a través de la radio.

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«Mejores no hay» la publicidad sabe de los efectos positivos de la alabanza. A veces creemos que señalando los errores corregiremos a quien se ha equivocado, y olvidamos indicar los aciertos. Olvidamos que a nadie le amarga un dulce y que el estímulo de la aprobación es mucho más poderoso que la crítica descarnada. «Mejores no hay» o dime que soy el mejor aunque no sea verdad. Dime que cuando lees en Facebook «¿Qué estás pensando?» te dan ganas de escribir mi nombre. Dime que esta noche te acostarás temprano para soñarme más tiempo. Dime que siempre que necesitas consejo, siempre que necesitas una mano amiga, me encuentras a tu lado. Dime que me echarías de menos aunque no nos conociéramos porque «mejores no hay».