Aquellos niños que jugaban donde habían caído las bombas son los que ahora emprenden su último viaje. Algunos la llaman la generación perdida. Quizás sea la generación olvidada, hoy que ya no se practica el respeto por los viejos sabios.

Muchos de los que hoy llenamos los medios de opiniones diversas, de esa generación solo nos interesa si eran rojos o franquistas. Nosotros removemos lo que ellos enterraron. Y nos olvidamos de lo que han aportado y de los valores que han practicado así como iban creciendo.

Cuando tenían 25 años levantaron el país con un enorme esfuerzo. En tiempos de escasa educación lucharon por construir algo:una familia, una empresa, incluso un sistema político distinto a una dictadura que vendía bienestar sin libertad.

Cuando tenían 40 fueron protagonistas de la transición a la democracia. Yllenaron de sentido el concepto de libertad desde el respeto, cuando el diálogo no era una palabra vaciada y el acuerdo era más importante que la ideología.

Cuando tenían 60 se enfrentaron a las crisis económicas cíclicas y a un cambio en la economía que les costaba entender. Hasta entonces, con su esfuerzo podían crecer. Después, ya no bastaba para alcanzar un objetivo con éxito. Empezaba a ser más rentable especular que construir. El reparto de la riqueza perdía los criterios democráticos. Ymientras, la política que habían visto nacer a partir del 75 caía en la pobreza del sectarismo.

Cuando han cumplido los 80 han visto como la covid les ha mermado y como las nuevas generaciones les han olvidado. Ya no son un referente, porque hablar de trabajo honesto, respeto, de hacer las cosas bien, en el buen sentido de la palabra, suena cursi en una sociedad que valora más la competencia para el éxito que la competencia profesional y personal.

Creo que esas mujeres y hombres de 80 años se van con demasiado silencio. Se merecen un pedacito de la memoria histórica.