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He criticado tanto al ministro de interior Marlaska -tan buen juez como mal ministro- que ahora que todo el mundo dispara contra él, creo que es de las pocas ocasiones en las que tuvo razón. Es verdad que lo de la devolución de menores procedentes de Marruecos se hizo en contra de los protocolos establecidos, pero es que aquello fue a una deliberada, organizada y premeditada invasión de menores, urdida por las autoridades políticas a las órdenes del rey de Marruecos.

Aquello no fue una balsita con media docena de críos, ni una petición de asilo espontánea, ni una huida de niños asustados de lo que les podía suceder en su patria, sino una manipulación organizada y preparada, en la que una avalancha -absolutamente inusual de menores- llegaron por tierra y agua como si se tratara de una ocupación militar.

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Marruecos siempre reacciona igual: cuando no le compramos productos agrícolas, o no le ayudamos en la Unión Europea con lo que pide, o sus expectativas no se cumplen, nos llena la frontera de migrantes propios y ajenos. Así que, de repente, mezclados marroquíes con senegaleses, guineanos, y africanos en general, Ceuta y Melilla sufren una invasión, que deja a más de un guardia civil herido, porque ante estas patadas en la puerta de España, nuestro equivocado buenismo político da instrucciones a los agentes encargados de vigilar y custodiar nuestras fronteras para que se comporten como obsequiosos camareros en un cóctel, celebrado en un hotel de cinco estrellas.

Creo que fue de las pocas decisiones acertadas que tomó Marlaska, diga lo que digan sus compañeros jueces, y los tontos contemporáneos, que nos insultan llamándonos xenófobos, a todos los que defendemos las precauciones ante la migración, que tienen establecidas países tan civilizados como Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, Suecia o Alemania.

Lo que sí es xenofobia, o dejadez, o insolvencia, o mala gestión, es tener amontonados a docenas de sin papeles en el aeropuerto de Barajas, en condiciones infrahumanas, una insólita y prolongada situación, denunciada por la Policía. Pero lo de la invasión de menores perpetrada por Marruecos fue de las pocas ocasiones en las que Marlaska actuó correctamente. Digan lo que digan los demás, como canta Raphael.