Cuando aplicamos la aritmética al quehacer de nuestros políticos, se pueden producir movimientos sísmicos imprevisibles. Fíjense en el siguiente ejemplo: de los 947 ayuntamientos catalanes que se acaban de constituir, 728 tienen alcaldes independentistas, y no olvidemos que han sido democráticamente elegidos, y de las 4 ciudades capitales de provincia, 3 están dirigidas también por alcaldes independentistas, y la más grande y emblemática, Barcelona, por Ada Colau, cuya deriva política se podría decir que es por lo menos imprevisible. Ha hecho con su ausencia más de un feo al rey Felipe VI, su estatus político no se sabe bien si es vocacional hacia una cosa o hacia la otra. Lo del procés por ejemplo no parece que le cayera para España, para Europa y para el mundo tan mal, creo que ni ella tiene este delicado perfil político muy definido. Por decir la verdad, les diré que no me explico que es lo que hace o deshace esta mujer al frente, nada más y nada menos, que de una ciudad tan importante como Barcelona.

El otro día con motivo de quedar el juicio del procés visto para sentencia, uno de los procesados va y no se corta un pelo para decir públicamente que «Ho tornaren a fer», como si lo que hicieron fueran pelos de cochino que se cogen a puñados, como cosas de niñatos mal educados, siendo lo cierto que han estado manipulando los sentimientos, la honorabilidad presente y futura del pueblo catalán. Eso produce sonrojo, ahí no hay ninguna clase de patriotismo ni ansias de buscar con dignidad un futuro mejor.

El martes, 2 de julio de 2019 en una protesta convocada por el independentismo en Estrasburgo, más en puridad del Consell de la República (¿Cuándo se darán cuenta en sus ensoñaciones que en Catalunya no hay ninguna república?) frente a la sede de la Eurocámara donde unas 10.000 personas pedían que se admitiese como europarlamentario al dirigente de ERC Oriol Junqueras que se encuentra en prisión por rebelión y a los de Junts per Catalunya, Carles Puigdemont y Antoni Comín, huidos de la justicia en Bélgica. A Puigdemont no acaba de ocurrírsele otra ocurrencia que la de desplazarse hasta la frontera alemana, total para demostrar después que «hasta ahí llegó el agua» por temor a ser detenido. No parece importarle que muchos seguidores se quedasen acompañando la ridícula escena, que como diría aquel, ya es que manda huevos. Este hombre, desde esa forma suya de ser, no para de aprovechar cualquier ocasión para hacer una vez más un estrepitoso ridículo, y son ya tantos, que parece cosa patológica. Todo y que su abogado dijo que estaría en Estrasburgo, pues ¡acertó que te cagas! Leyendo yo el mensaje de su abogado, la verdad, yo le veía con esos pelos de Harry Potter hecho un brazo de mar, rememorando a Josep Tarradellas, aquel 23 de octubre de 1977, cuando el insigne catalán reunió el coraje para decir: «Ciutadans de Catalunya, ¡ja soc aquí!». Claro que Puigdemont la posibilidad de que la justicia le tome interés le pone de los hígados y como lo que él predica no es precisamente el coraje y la dignidad de no dejar por lo menos a sus seguidores avergonzados, toma la última estrategia que se le ocurre, que por cierto, la próxima no sabemos qué cosa será. Vistos los antecedentes, seguramente será para mear y no echar gota.