El próximo curso se empezarán a aplicar los cambios en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), incluidos en la Ley orgánica de modificación de la LOE (LOMLOE), también denominada Ley Celaá, en alusión a la ministra que ha sido propuesta como embajadora de España ante el Vaticano.

Es la misma ministra que logró Religión no puntuase para pasar de curso en su reforma de educación, «un nuevo modelo de en el que no tiene cabida el espíritu crítico ni la formación de un pensamiento propio», según escribe Guillermo Martínez en «Público».

El borrador de decreto de la ESO minimiza las Humanidades e introduce la formación en la historia del feminismo y los derechos de las personas LGTBI y redefine la alfabetización científica y digital de los estudiantes. Al mismo tiempo, los profesores de Filosofía, Cultura Clásica y Música han empezado a protestar para reclamar más peso de estas materias en el horario escolar. Los docentes de Filosofía exigen que la asignatura sea optativa en cuarto de la ESO, los de Cultura Clásica advierten del riesgo de desaparición de su disciplina y los de Música quieren que sea obligatoria hasta los quince años.

La presidenta de la Red Española de Filosofía, Esperanza Rodríguez, afirma que los profesores se sienten engañados «por un PSOE que votó a favor de introducir la Filosofía como materia obligatoria en el periplo educativo obligatorio».

Y Carlos Fernández Liria, profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, califica la nueva asignatura ‘Valores cívicos y éticos’ como «una especie de alternativa a la religión, una suerte de catecismo moral laico que nada tiene que ver con la Filosofía».

Las Humanidades se ven reducidas a la mínima expresión. Mientras los países vecinos siguen enseñando a Hume, Locke y Spinoza. Aquí suprimimos la Filosofía para que los adolescentes no aprendan a pensar.